¿Es necesario comprar mi propio planeador para poder volar?

No, de ninguna manera. Los planeadores pueden ser máquinas bastante caras y nuestro Club posee cerca de veinte planeadores entre básicos y avanzados que están a disposición de quienes estén habilitados para volar en ellos, por lo que siempre vas a poder volar cuando lo desees. Solo ocasionalmente, principalmente los fines de semana de verano, puede ocurrir que se te permita volar sólo una hora, cuando hay muchos socios que quieran volar. Los días de semana, en cambio, puedes volar normalmente todo lo que desees. Y en la semana se desarrolla casi el 50% de los vuelos.

¿Cuánto tiempo seguido puedo volar, siendo que los planeadores no tienen motor?

¿Te parece suficiente dos horas? ¿O quizás cuatro...o cinco?. En realidad, si tienes el aguante suficiente, en un buen día de verano puedes volar cómodamente entre la una de la tarde hasta más de las siete. En la temporada de vuelo entre Octubre y Marzo, el sol calienta la superficie de la tierra de tal manera que el aire que está en contacto con ella, se va dilatando, hasta que en algún momento inicia un escape hacia lo alto, de la misma forma en que asciende el humo de una hoguera o las burbujas desde el fondo de una olla con agua hirviendo. Estas corrientes ascendentes que llamamos térmicas, nos permiten tomar altura a una velocidad normalmente bastante superior a la que trepa un avión privado -las mal llamadas avionetas-, esto es, a dos, cuatro o más metros por segundo. De esta manera, en sólo unos cinco minutos por ejemplo, podemos elevarnos entre 500 y 1.000 metros sobre el terreno. Alcanzadas esas alturas uno enfila el planeador al rumbo deseado durante varios minutos, perdiendo altura en el trayecto, hasta que encontramos una nueva térmica que nos permite recuperar la altura perdida. y así seguimos recorriendo distancias. Otra fuente de corrientes ascendentes, son los vientos que inciden sobre los cerros. Siendo el viento horizontal, al encontrar un cerro o una montaña, el aire es forzado hacia arriba para seguir su camino. Así, volando cerca de la ladera que recibe estos vientos (a barlovento), el planeador asciende a velocidades que están en relación directa a la intensidad del viento y a la pendiente del cerro. Estos vientos en invierno suelen ser bastantes fuertes, pero sólo a partir de unos 2.000 metros sobre Santiago (¡si pasaran más bajo no tendríamos smog!). De ésta manera, si el avión remolcador nos lleva a la altura y la zona apropiada, podemos luego elevarnos mucho más alto, volar durante horas y viajar distancias de hasta... ¡no, eso corresponde a la siguiente pregunta!

¿Puedo desplazarme fuera de Santiago en planeador, o debo limitarme (más o menos como los parapentes) a volar sobre los cerros locales?

Nuevamente: ¿cuánto quieres recorrer en tu planeador entre la ida y la vuelta al Club? ¿Te conformas con 100 km.? ¿Eso es poco? ¿Que tal 200 km.? ¡Vamos, no seas tímido! ¿Por qué no recorres unos 300 ó 400 km. para relajarte un poco y alejarte de este Santiago contaminado? ¿O por qué no volar en la ladera del Aconcagua a más de 6000 metros de altura? Las pruebas que deben cumplir los pilotos en los campeonatos, por ejemplo, incluyen poliedros de entre 300 y 500 km de perímetro, según las condiciones atmosféricas del día. ¿1.000 kilometros recorridos? ¿O en vuelo libre desde Farellones hasta Pucón en 10 horas? El promedio de velocidad, en estos viajes, oscila entre los 60 y 120 km./h dependiendo del planeador que se utilice y de la experiencia y habilidad del piloto. Obviamente, mientrás más rápido vueles, más kilometros podrás recorrer durante las horas del día que presenten térmicas.

¿Pero no implica todo ésto, el que el vuelo en planeador es un deporte de alto riesgo?

A diferencia de los aviones -incluyendo desde un Jumbo a una "avioneta" (preferimos decirles avión)- que son de por sí más seguros que los automóviles como prueban las estadísticas, los planeadores no registran ningún tipo de falla mecánica o de material. A un planeador, al no tener motor, no se le acaba el combustible, no se le tapan las cañerías, no se incendian, no les falla el encendido... ¡y nunca se les detiene el motor en el momento más indeseado! Están diseñados además para soportar turbulencias fortísimas, pueden aterrizar en terrenos muy pequeños en caso de no lograr llegar a una pista (gracias a su baja velocidad de aterrizaje y su bajísima inercia, por ser muy livianos) y uno nunca se ve obligado, para llegar al destino planeado, a meterse en frentes de tormentas o zonas de nula visibilidad. Por todo ésto, lo único realmente peligroso de un planeador puede llegar a ser su piloto. Para volar con tranquilidad, dentro de lo emocionante de éste deporte, durante años y años sin pasar sustos ni peligros, el piloto debe respetar unas elementales reglas seguridad. Nunca se debe volar demasiado cerca de los cerros, ni volar demasiado bajo, ni demasiado lento. Nunca se debe apostar a que uno va a poder sobrepasar un cerro si no se tiene la altura suficiente, no se debe meter en zonas de fuertes descendentes y si se encuentra en determinada zona a una altura excesivamente baja, debe buscar inmediatamente una pista donde aterrizar, en vez de seguir especulando con encontrar la térmica salvadora.

Los accidentes en planeador han ocurrido por errores groseros de los pilotos, o por tomar riesgos mucho más allá de lo lógico (lo cual, claro, es un tipo de error grueso). La mayoría de esos accidentes, dicho sea de paso, han ocurrido durante los campeonatos, donde algunos pilotos demasiados ansiosos -o ambiciosos- estiran el elástico de la prudencia más allá de lo debido. Haciendo lo correcto siempre, teniendo la precaución de no volar cuando no estamos en condiciones (tomando ciertos medicamentos, estando mal dormidos y/o carreteados), haciendo caso de las indicaciones y normas impartidas por el Club, tu vuelo siempre puede ser enormemente emocionante, pero no por ello peligroso.